Semana del 14 al 18 de mayo de 2018

Semana del 14 al 18 de mayo de 2018 

En la República Argentina no se gana para sustos. Los motivos abundan y son de público conocimiento. Lo saben y sufren las generaciones protagonistas de los vaivenes políticos y económicos ocurridos desde los comienzos de su historia, con ponderables excepciones que se dieron en períodos alternativos de diez o quince años, sucedidos por depresiones y quiebres del sistema.

La sociedad transita hoy por uno de esos momentos. Por fortuna, no tiene la intensidad de otros sacudones, pero es suficiente para despertar inquietudes y críticas. Comentar que era esperable, es casi pueril. Muy pocos de los especialistas y opinadores amateurs anticipaban que se venía encima una devaluación como la reciente. Aún menos se atrevían a decir que el gobierno de Cambiemos estaría sometido a una dura prueba de resistencia. Hoy es fácil hacerlo. Antes de una caída, nadie quiere ver el yeso.

Pero la caída se produjo. No de la peor manera. Sí con capacidad suficiente para obligar a reacomodamientos. Superada la prueba de las últimas dos semanas, la situación revela que el Poder Ejecutivo tiene que anudar acuerdos imprescindibles para asegurar la gobernabilidad. Que los Gobernadores son parte sustancial de esos acuerdos. Que el componente radical del gobierno adquiere más protagonismo. Que la franja opositora del Poder Legislativo tiene más fuerza para imponer condiciones y que se acabó – no en el discurso sino en la realidad – la estrategia del gradualismo. Cuando la plata falta, las prioridades cambian.

Como fuere y a despecho de gustos y dichos ajenos, la ilusión reeleccionista se mantiene. Lo que se alejó es la certeza que animaba a los integrantes de la denominada mesa chica, que han recibido un duro golpe a sus ambiciones. Al llover las críticas, se afianzó la sensación interna de que era necesario administrar la crisis. Lo están haciendo con la prudencia que exige no demostrar angustia. Nada peor que la debilidad manifiesta frente a los adversarios.

Una vez más surge el gran interrogante. ¿Qué va a pasar? Ya circulan respuestas inducidas o sinceras, que responden a datos descarnados. El mismo Mauricio Macri admitió errores y auguró modificaciones en su programa de gobierno. Hizo bien, aunque a muchos no les entusiasme escuchar noticias que auguran retracciones. Será necesario limitar las compras y viajes al exterior. Los productos importados o que incorporen elementos no locales aumentarán de precio. Los medicamentos, por ejemplo, pegan de lleno en bolsillos escasos de recursos. Otros podrán ser sustituidos, pero se ha roto el encanto de sentirse rico que cada seis o siete años entusiasma a las clases medias.

También se anunció que se debe bajar el gasto público. Es un propósito loable, pero de manejo delicado. Sin duda, abundan y sobran los empleados estatales en todos los niveles. Hay estructuras, como la judicial que insume un presupuesto desmesurado. En medida comparable se puede medir el gasto del Poder Legislativo y cabe para muchas otras entidades del Estado nacional y de sus pares provinciales y hasta municipales. De las buenas intenciones a la aplicación de medidas restrictivas media un camino escabroso, empedrado por requerimientos genuinos y de muy alto costo, como los programas que incluyen jubilaciones, asignaciones familiares, atención sanitaria y otros, A estos se agregan los demandados por la política. Suma y sigue.

Se conoce cuáles son las fuentes de ingreso y las causas de egresos. El desbalance se traduce en déficit. La Argentina vive fuera del punto de equilibrio y acude de manera alternativa a la emisión de papel moneda o al pedido de préstamos. Todos funciona bien por un tiempo, hasta que por alguna razón explota frente a las narices del gobernante de turno.

Las reflexiones sobre el panorama económico tienen origen y consecuencias políticas. Si alguien supone que se ha dado un golpe de gracia a las ambiciones políticas del grupo en el poder, se equivoca. Todo lo que hagan los integrantes de Cambiemos apuntará a retenerlo. No obstante, han recibido un severo llamado de atención. El denominado peronismo racional, colabora sin abdicar ambiciones que ahora ve más cercanas. Sus integrantes trabajarán para afianzarse como la mejor alternativa para el período próximo. Deben demostrar seguridad para ganar confianza del electorado y solidez en comparación con el cristinismo. Les falta un candidato. Tienen varios en la gatera. Desde su rincón, Sergio Massa trata de introducir una cuña.

Vienen tiempos movidos e interesantes. Lo deseable es que no se incremente la pobreza y que impere la serenidad.