Semana del 26 de octubre al 01 de noviembre 2019

Semana del 26 de octubre al 01 de noviembre 2019

 

El milagro no llegó, aunque aparecieron las sorpresas. Colectar más de dos millones de votos adicionales en algo más de sesenta días, es fruto de un esfuerzo intenso, organizado y eficaz. Provienen de las concentraciones masivas; la incitación a concurrir a las urnas; una fiscalización prolija y el traspaso de partidarios de Lavagna, Espert y Gómez Centurión, que apostaron al voto útil.

No fueron suficientes. Los seguidores de la fórmula FF crecieron poco, pero superaron el 48% necesario para alzarse con el triunfo, como establece el extraño sistema establecido en la última reforma constitucional. Ganaron, pero esperaban más.

Los distritos creadores de riqueza – Mendoza, Córdoba, Santa Fé, CABA, Entre Ríos, Buenos Aires con excepción de la mayoría del conurbano, y hasta San Luis – apostaron mayoritariamente por Juntos por el Cambio. Donde prevalece el empleo público y el sistema clientelístico, incluidos los partidos bonaerenses más poblados, apoyaron la fórmula FF.

Algunos análisis simplistas mencionan la separación entre clases altas y medias, frente a clases medias bajas y bajas. Algo de esto ocurrió, aunque no muestra el panorama completo. Factores vinculados con el temor a las prácticas cristicamporistas movilizaron al sector agropecuario y a las clases medias urbanas. Basta mirar el mapa para entenderlo. La Plata, Mar del Plata, Bahía Blanca, Tandil, Olavarría y otras ciudades y pueblos bonaerenses le dieron la espalda a Fernández y al ex ministro de economía.

No obstante, la diferencia a favor de Kicillof fue de tal magnitud, que los responsables de atar a Mauricio Macri con María Eugenia Vidal deben seguir golpeándose el pecho. Cometieron el pecado de sacrificar al mejor cuadro político de su sector.

La dupla Fernández-Fernández ganó por mucha menor diferencia de la que esperaban y Juntos por el Cambio logró un caudal de votos que los deja en muy buena posición en el Congreso y con la posibilidad de ejercer una oposición fuerte.

A partir de ahora comienzan a plantearse las incógnitas. Alberto Fernández asumirá con la economía en terapia intensiva, lo que lo obliga a negociar con acreedores financieros y demandantes internos, que presionarán por más aportes del Estado. De hecho, ya comenzaron.

Sin territorio que lo respalde ni tejido político propio, deberá caminar sobre el filo de la navaja. A un lado se agrupan los seguidores de la vicepresidente electa. Al otro, los dirigentes del peronismo ortodoxo: gobernadores; intendentes bonaerenses y sindicalistas.

Sin dinero, se comprometió a crear trabajo. Deberá negociar con empresarios, que a su vez le reclamarán que disminuya la presión impositiva y cambie las regulaciones laborales.

Sin crédito externo, tendrá que ingeniarse para atraer inversiones, en momentos que el mundo tiende a la retracción.

Tampoco le sobra el tiempo. Difícilmente goce de la luna de miel de cien días que se otorga a todo mandatario recién llegado.

Tamaño panorama permite interpretar los motivos por los que Macri luce tan relajado. Se libra de afrontar problemas que lo angustiaban. Puede encabezar la oposición, gracias a los alrededor de diez millones de votos recibidos. Los líderes mundiales lo conocen y aprecian. El futuro podría sonreírle.

Nuevamente, especulaciones. Lo concreto es que pasó el período electoral y comienza otra etapa llena de dificultades. Como quedó demostrado que en la política los milagros no existen, los hechos y gestos de la nueva administración harán posible imaginar algunas claves de un futuro que comienza en pocas semanas.