Semana del 4 al 8 de junio de 2018 

Semana del 4 al 8 de junio de 2018 

Es posible que Mauricio Macri y su grupo de confianza canturreen “te acordás hermano, qué tiempos aquellos…” Melancolía tanguera que refiere a meses atrás, cuando imperaba la esperanza y los problemas parecían resolverse.

Ya no es así. La inflación mantiene su vigencia. El temor al desempleo aumenta. Los jubilados están disconformes. Los sindicalistas aprietan en función de sus clásicas recetas y los políticos se miran de reojo por el temor de dar un paso en falso. No es lo único. Los profesionales del descontrol redoblan su presencia y hacen temer por la reiteración de actos violentos. Los refuerzos de la seguridad en puntos neurálgicos no son casuales.

En este último punto, es conveniente observar el rol de la Iglesia Católica. Los pastores no incitan a la violencia. Se muestran preocupados por el aumento de la pobreza, como viene señalando el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina. La reunión de la Gobernadora Vidal con Bergoglio debe haber incluido este problema.

Un juego de pinzas opera sobre el colectivo Cambiemos. Saben que deben controlar algo tan sensible como los aumentos de precios y cambiar las pautas de un futuro que se ha enturbiado. Tareas difíciles. Todavía pueden encararlas, pero el lapso de dieciocho meses antes de la renovación presidencial no permite equivocaciones.

Cuando se presentan situaciones críticas, es imprescindible aplicar el pensamiento estratégico. Delinear escenarios. Identificar aliados y adversarios. Trazar cursos de acción posibles y favorables hacia el objetivo. Imaginar situaciones adversas y preparar respuestas adecuadas.

Seguramente los especialistas gubernamentales trabajan sobre estos parámetros. No pueden seguir afirmando entre sonrisas que todo está bien. Pocos les creen, pues ponen en evidencia que el deseo se impone sobre lo probable. Hay que mover el timón.

Aunque el acuerdo con el denostado FMI despierte escasas simpatías, constituye una herramienta interesante para la administración macrista. Por lo pronto, suministra fondos frescos para suplir la falta de inversiones externas e internas. Servirán para pagar deudas y es posible que brinden un respiro a los responsables de las finanzas públicas. No será gratis. Vienen ajustes varios, suavizados por el veto a la Ley tarifaria, pero la reducción de gastos es inevitable en todo el aparato estatal.

Es posible que la inyección de capitales calme los mercados y permita disfrutar de un tiempo de estabilidad. Como fuere, el objetivo principal es eludir los vaivenes cambiarios y sus consecuencias para el consumidor común. Mucho para explicar hacia adelante, con la carga del desgaste de la credibilidad de una administración que no pudo alcanzar las promesas que la llevaron al poder.

Los períodos gubernamentales suelen transitar por valles y cumbres. La actual conducción procura remontar el descenso con pocos vientos a favor, aunque cuenta con una ventaja. Son varios los que tratan de empujarla hacia abajo, pero no logran sumar sus fuerzas.

El riesgo está latente. Los justicialistas o peronistas de diversas vertientes cumplen fielmente la interpretación de su fundador sobre los gatos. Cuando los de afuera creen que pelean, se están reproduciendo. Con vistas al horizonte electoral, despuntan algunos nombres. De la Sota, Lavagna, Massa. Por ahora, tanteos. En este juego suele ocurrir lo mismo que en la elección vaticana. El que entra Papa, sale cardenal.

Desafío fuerte para el oficialismo si quiere llegar con aire al proyecto de reelección.