Semana del 7 al 11 de mayo de 2018

Semana del 7 al 11 de mayo de 2018

 

Terco, rebelde, indiferente a los manejos financieros y las preces que deben elevarse desde Olivos y el Banco Central, el dólar sigue en suave ascenso. El incremento de su valor o bien mirado, la depreciación del peso, no debería causar sorpresa. La divisa estadounidense se aprecia al compás de variables atadas la situación internacional y las monedas de varios países emergentes viven un fenómeno comparable.

 

Pero hay algunas diferencias nada sutiles. La Argentina arrastra un agudo proceso inflacionario y el déficit fiscal es profundo, comparado con el de otras economías. En términos sencillos, la estrategia de financiar los gastos del Estado con fondos de inversión, comenzó a hacer agua cuando éstos corrieron a refugiarse en moneda fuerte.

 

Estos juegos, que se repiten con relativa frecuencia, castigan a la Argentina y a sus habitantes. Desnudan un panorama que se ignora voluntariamente. Con independencia de que el país sea pobre o rico, gasta más de lo que produce. Regla elemental a la que los habitantes de este suelo se empeñan en transgredir desde que Bernardino Rivadavia tomó el primer empréstito en Gran Bretaña.

 

Cuando no se nota, todo fluye. Cuando por la razón que fuere se produce un cambio en el valor del billete verde al que los que los argentinos adoran, se vive el fenómeno del hormiguero pateado. Corridas sin rumbo y angustias varias, acompañadas por el esperable pase de facturas.

 

Apenas ayer, el estilo de conducción descentralizada macrista era únicamente objeto de reflexiones intelectuales. Hoy abundan los que claman por un Ministro de Economía dotado de amplios poderes, sin recordar varias experiencias negativas. Tampoco se advertían, salvo excepción, opiniones contrarias al sistema de financiación. Si las cosas funcionan, diría alguien, no era necesario cambiarlas.

 

Pero el Diablo metió la cola y el escenario es otro. Los elogios se transformaron en reclamos. Aparecieron especialistas con interpretaciones para todos los gustos. Más de un propagandista cambió de vereda y la crítica creció hasta el borde del insulto. Las expresiones más virulentas llegaron con el anuncio presidencial de que se acudiría al Fondo Monetario Internacional, entidad financiera creada para ayudar a países en problemas, que en la Argentina disfruta de muy mala fama.

 

Aquí conviene detenerse. El FMI no es el infierno. Presta dinero con interés más bajo que las entidades privadas, pero condiciona el préstamo a la observación de algunas normas desagradables  que se pueden sintetizar en una: gasten menos.

 

A los gobiernos no les gusta la receta, porque trae perjuicios políticos. A los ciudadanos de a pie tampoco, porque les limita el acceso a créditos y puede alterar su nivel de vida. A los opositores les encanta. Se sientan en la vereda a mirar alegremente el desfile de sus adversarios.

 

Al final, como en toda acción de gobierno, lo que debe prevalecer es la visión política. Si el mundo de hoy no es el de una semana atrás, hay que explicarlo. Más aún, sería aconsejable que se convocara a los actores políticos y dirigentes sociales para acordar procedimientos que permitan superar una instancia inesperada, con el menor costo posible para la gente. No todos opinan igual. En este río revuelto gana más de un pescador, pero unir esfuerzos sin especulaciones electorales permitiría preservar el bien común.

 

También es necesario explicar que la coyuntura actual no se compara con el drama de comienzos de siglo u otros anteriores. Los fogoneros de la angustia dramatizan y tratan de plantearlo así. Desde el poder Ejecutivo no encuentran la manera de responderles.

 

Es una clásica situación de crisis. Son inevitables y ocurren cada tanto, pero hay que saber manejarlas.